miércoles, 3 de octubre de 2007

Hopper y la policía americana

He tenido dos experiencias breves con la policía americana en las últimas 48 horas.
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La primera fue el domingo en Washington. Aproveché la mañana, antes de ir a la Feria de Empleo para gays, para acercarme a la National Gallery. Sabía por dvt que había una exposición temporal de Edward Hopper y no me la quería perder porque es uno de mis pintores favoritos. La exposición era francamente buena porque era muy amplia y tenía todos los cuadros famosos del pintor, incluido el de la mujer sentada leyendo que tiene el Thyssen en Madrid. Cuadros de casas de madera, de faros, de paisajes urbanos, de figuras solitarias... estaba todo allí. Disfruté la exposición mucho y con relativa calma, ya que no tenía tiempo para ver el resto del museo (que es enorme, con dos edificios, East y West, y un montón de obras conocidas; sólo por verlo merecerá la pena volver a la ciudad).
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Al salir del museo tomé un taxi. El conductor me preguntó antes de subir si tenía cambio. Le dije que no y le enseñé varios billetes de 20$ (unos 5) que saqué del bolsillo. Pues bien no volví a ver el dinero. Algo muy extraño. Porque lo tenía en la mano y o bien me cayó justo al subir (algo un poco difícil) o dentro del coche. El caso es que el dinero no apareció más. Al final del recorrido no tenía dinero para pagar al hombre pero además estaba francamente sorprendido de la desaparición. Me imaginaba que me podía haber caído en el taxi pero no aparecía. El taxista era afgano (de los de "amigo amigo") y para colmo de mis prejuicios y sospechas se acercó un compañero suyo negro que se ofreció a pagar el taxi por mi. Aquello ya fue el colmo porque me los imaginé compinchados y que luego se repartirían el botín. Pero ciertamente yo no podía probar nada. El caso es que lo consulté con un compañero de la empresa y acabamos llamando a la policía. Tardaron en venir, por lo que toda la historia duró más de hora y media. Cuando finalmente llegaron se limitaron a decir que no había caso y que no podían hacer nada. Que mi compañero pagara el taxi y que eso era todo.
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No puedo asegurar que ocurrió pero la actitud del taxista fue algo extraña. No me arrepiento de haber dado la batalla en lugar de irme sin más. Sentí que era lo que tenía que hacer en lugar de resignarme fácilmente.